«Toda señal de vida ha quedado extinguida»

«La bomba atómica es una realidad. El presidente Truman ha anunciado que ha sido utilizada por primera vez contra el Japón con una potencia igual a 20.000 toneladas de trinitrotolueno. Su poder explosivo es 2.000 veces superior al de la bomba británica conocida como “revienta manzanas”, de 10.000 kilogramos, que era hasta ahora la de mayor potencia». No habían pasado ni 15 horas desde que Hiroshima había sido arrasada, cuando los lectores de ABC recibían la primera información.

Según un telex llegado a nuestra redacción el mismo 6 de agosto de 1945, el secretario de Guerra norteamericano, Henry L. Stimson, desconocía los daños causados: «Sólo se sabe que la zona está cubierta por una impenetrable capa de humo y polvo». En las crónicas de los días siguientes tampoco se hablaba de los 166.000 muertos y 130.000 heridos que produjo, pero sí de la devastación.

«Toda señal de vida ha quedado extinguida en Hiroshima. Hombres, animales, plantas e insectos han perecido abrasados por el fuego o por efecto de las horribles ondas de aire incendiado. […] La ciudad ha dejado de existir», podía leerse el día 9. Todavía el presidente Truman no había ordenado el ataque sobre Nagasaki, aunque ABC se hizo eco del «segundo ultimátum» lanzado por Estados Unidos un día antes de que la segunda bomba atómica causara otros 40.000 muertos con la explosión y 20.000 más por las secuelas en lo que quedaba de año. El presidente reconoció que, en 1942, ya sabía «que los alemanes trabajaban febrilmente para encontrar la forma de unir la energía atómica a otros inventos de guerra con los que esclavizar al mundo, pero fracasaron. Los norteamericanos ganaron la batalla».

«Se abre ahora una nueva etapa revolucionaria en la ciencia de destrucción», advertía otra declaración remitida por la agencia Efe.

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Fuente: ABC