La Comisión saca pecho por la gestión de la vacuna y buscará una UE más autosuficiente

Ursula von der Leyen pronunció ayer uno de los discursos sobre el estado de la Unión más largos que se recuerdan y, a pesar de que el hemiciclo estuvo todavía medio vacío debido a las medidas de distancia social, sus palabras fueron aplaudidas por casi todos los grupos y dio la impresión de que si hubiera habido una votación la habría superado con bastante margen. No le salió bien su invocación a las palabras de Robert Shuman sobre la necesidad que tiene Europa de un «alma política» en su intento de poner de relieve su propia labor al frente del Ejecutivo comunitario durante un año especialmente difícil y q ue ha puesto a pruebas la capacidad de la institución que preside para ser un elemento esencial de la lucha común contra la pandemia y sus efectos económicos. Teniendo en cuenta que en la UE todo está pendiente del resultado de las elecciones alemanas del próximo 25, Von der Leyen hizo un discurso más realista que ambicioso, pero en todo caso pragmático, en la línea de lo que los demás europeos solemos esperar de cualquier dirigente alemán sensato.

Ningún miembro de la Comisión había osado ni siquiera adelantar el sentido de este discurso anual, que es la cita por antonomasia del inicio del curso político y en el que Von der Leyen ha querido incluir un mensaje sólido y equilibrado con proyección futura y que pueda ser aceptado por los grupos mayoritarios, desde los populares y socialdemócratas hasta los liberales de ‘Renew’ y, sobre todo con continuas alusiones a los Verdes que pueden ser precisamente una fuerza ‘bisagra’ en las elecciones alemanas y desde allí proyectarse a la política europea.

Von der Leyen no se refirió solamente a la virtuosa intervención de la Comisión en la gestión de la compra de vacunas, aunque en este sentido fue muy clara sobre la necesidad de que la UE contribuya de forma rotunda en la vacunación de los ciudadanos de los países pobres con más de 500 millones de dosis en los próximos 12 meses, una vez que los europeos ya disponemos de una reserva de más de mil millones de dosis. Hizo referencias permanentes a los jóvenes como destinatarios de la estrategia de transformación de la economía europea e incluso anticipó la puesta en marcha de un programa que se llamará ALMA y será parecido al Erasmus de los universitarios pero destinado a los «ninis» que carecen de estudios y de formación, para que puedan tener una experiencia laboral en un país distinto al suyo de modo que le pueda servir para su inserción laboral y al mismo tiempo desarrollar un sentimiento de adhesión a la idea de Europa. También ha prometido que va a luchar tanto por lograr una homologación social en la que «la dignidad en el trabajo» sea una prioridad con la misma intensidad que la lucha contra la evasión fiscal.

Una Europa más independiente

Tiene clara la idea de una Europa más independiente, mejor dicho, autosuficiente, que no renuncia a su relación transatlántica pero que ha aprendido a no depender de factores que no puede contralar. De ahí vienen las propuestas de una Europa de la Defensa, un «ecosistema europeo» de semiconductores, porque «no hay revolución digital sin esos microchips y mientras hablamos, miles de compañías están frenando su producción por falta de estos componentes» y por ello «vamos a poner toda nuestra energía en ello».

Y puesto que se trata de autonomía, Von der Leyen también anunció que piensa avanzar por el camino de que la Comisión disponga de más recursos propios de manera que no esté cautiva de la decisión de los 27 países miembros a la hora de elaborar el presupuesto. La puerta que va a emplear para tratar de dar paso a esta idea es el programa «Next Generation», que es el que genera los fondos para la reconstrucción de la pandemia a través de deuda asumida por la propia Comisión (750.000 millones de euros) y que a todos los gobiernos les conviene asumir que van a ser reembolsados precisamente con recursos que obtenga la propia Comisión.

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Fuente: ABC